sábado, 10 de abril de 2010

Piel


Piel piel piel piel piel piel... un escalofrío me recorre el cuerpo, siento como mis instintos se despiertan, se me eriza el bello al tiempo que tus dedos se deslizan por mi vientre... un mordisco en el cuello seguido de una sonrisa pícara, tu otra mano comieza a ascender trazando círculos por mi cintura, cuando creo que llegarás al pecho tus otros dedos acarician mi entrepierna... la pellizcan, la hacen estremecerse, toda yo me sumo en un escalofrío cálido y penetrante. Tu boca cae a mis senos, espiras aire cálido y comienzas a hacer cículos con tu lengua al rededor de mi pezón. Mientras, continúas jugueteando con mi clítoris ya a punto de explotar, de repente paras en seco e introduces tu pulgar bruscamente en mí, yo no puedo dejar escapar un gemido entre sorpresa y placer. Besas mi cuello, te acercas a la barbilla como a ti te encanta hacerlo e introduces tu lengua entre mis labios, después tu boca rozó la mía y no pude contenerme, creo que te exprimí la boca hasta el último de tus suspiros. Me di cuenta de que tu cuerpo necesitaba algo más que eso y comencé a juguetear con tu hebilla, tus movimientos de cadera eran inconfundibles... sabía lo que querías y lo querías ya. Desabrochaste tu cremallera y mi sujetador, aun con la sudadera puesta. Bajaste mis pantalones pero solo hasta las rodillas y me colocaste en una postura que no me resutaba nada cómoda pero que mi cuerpo disfrutaba con lujuria: sentados, mi cabeza a tus pies, con la espalda apoyada en tus piernas y las rodillas sobre tus hombros... comenzaste suevemente mientras me acariciabas los senos... poco a poco te fuiste acercando para besarme y las embestidas se hicieron más fuertes, yo quería más y lo daba todo de mí. Me agarraste de la cintura con una mano mientras con la otra seguias acariciándome el clítoris haciéndome enloquecer de placer. Ahora entrabas más profundo y tus gemidos eran incontrolables, yo sentía como mis entrañas se retorcían, buscaban una salida, querían MÁS, adquiriste un ritmo frenético que mi cuerpo ansiaba y me hiciste estallar de puro placer... tú ya te encontrabas en plena agonía, necesitabas explotar ya, sentía como tu miembro palpitaba y tus ojos se perdían en el vacío... y de repente un gemido inconfundible me hizo saber que nunca podríamos olvidar aquel amanecer.

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